
Plutocracia no es democracia
En un contexto económico y social de creciente deterioro, presenciamos una febril tarea parlamentaria –se diría, de levantamanos parlamentarios– en la cual se están definiendo temas importantísimos para el país y la sociedad, con un nivel de levedad impresionante. La sensación que queda es que las decisiones ya han sido tomadas, y que le queda a los cuerpos legislativos el triste rol de la convalidación legal de los nuevos negocios, para mayor seguridad de los interesados en las mismas.
En las últimas semanas se han tratado a la velocidad del rayo, y sin fundamento ni debate serio alguno, la ley de degradación de la vida de los trabajadores (y otras yerbas como el FAL), llamada Reforma Laboral, la adhesión argentina al Acuerdo de Asociación Estratégica entre el MERCOSUR y la Unión Europea, la baja de la edad de imputabilidad para los menores de 16 años, y la Ley de Glaciares, que ya cuenta con media sanción del Senado.
De la reforma laboral se ha dicho y escrito mucho. Es completamente pro-patronal, y funcional para los negocios financieros que se van a hacer con los 2.600 millones de dólares del “Fondo de Asistencia Laboral”, para favorecer despidos y cubrir los baches financieros del gobierno. No moderniza nada e ignora las nuevas realidades del mundo de trabajo. Hecha a pedido del capital.
En la misma línea antisocial, se está promulgando un conjunto de acciones represivas contra la delincuencia juvenil, que en ningún caso tratan de abordar el tema con la debida responsabilidad y sensatez. Todo se trataría de meter presos a la mayor cantidad posible de jóvenes, hasta agotar el “stock”. El problema es que el stock de gente que saldrá a robar algo se está volviendo interminable, por las condiciones que está generando este gobierno y quienes lo apoyan.
El Senado aprobó por 69 votos a favor y tres en contra el acuerdo Unión Europea-Mercosur. Solo tres senadores peronistas resistieron. El quiebre en ese bloque ya había ocurrido en Diputados, pero en una forma más equilibrada. No conozco cuántos legisladores leyeron lo que estaban votando, ni cuántos tienen alguna formación que les permita entender algo. De los de La Libertad Avanza no es posible esperar nada, y muy poco de los del PRO. En cambio, alarma el apoyo peronista, porque o no saben que es un acuerdo asimétrico y desindustrializador, o no les importa. En cualquier caso, habla de un estado de postración de una fuerza política que reclamaba para sí un conjunto de banderas nacionales que se les extraviaron por los pasillos del Congreso.
La Ley de Glaciares aparece como otro desastre más a ser votado y aprobado. Es un tema relevante y estratégico, donde un puñado de grandes corporaciones mineras están consiguiendo más representantes que los millones de argentinos que van a ser afectados por una ley irresponsable y de corto vuelo. El tema del agua es tan o más estratégico, en muchos sentidos, que varios minerales a ser extraídos hoy con buenos precios.
Es como si de repente hubieran aflorado todas las debilidades políticas, ideológicas y culturales argentinas, expresadas en los más diversos estamentos de la sociedad, y Milei fuera el instrumento transitorio para aprovechar este momento para impulsar los peores cambios institucionales que se puedan proponer para nuestro país.
Lo notable de este panorama muy desalentador, que nos muestra a un país grogui y sin reacción frente a casi ningún tema, es que se cruza con una contracorriente de fuerte aceleración del deterioro económico y social.
Las actividades que más crecieron en el período mileísta –el agro, la minería y la intermediación bancaria– tienen un punto en común: prácticamente no crecen los puestos de trabajo asociados a esas actividades. En tanto, industria, comercio y construcción son campos de destrucción de empresas y por lo tanto de puestos de trabajo.
Desde comienzos de año se han verificado importantes aumentos en el precio de los alimentos, que impactan en la canasta de todos los sectores, pero muy especialmente en la canasta de indigencia. Desde noviembre, la carne bovina aumentó casi un 50%, y los geniales acuerdos con Estados Unidos y la Unión Europea permitirán mayores exportaciones de ese producto, con lo que se creará presión alcista adicional sobre el mercado interno. A todo esto, las dirigencias del sector agropecuario empiezan a hablar nuevamente de retraso cambiario, aceitando los motores para el jueguito de la demora en las ventas de los granos para lograr reducciones en las retenciones.
La catarata de cierres de empresas de tamaños y características diversas, que abarca todos los rubros y regiones del país, está mostrando un cuadro de deterioro de la situación laboral y social que se expresa en múltiples indicadores micro de deterioro de la economía de las familias, endeudamiento creciente, retracción del consumo y contracción continua de la actividad económica productiva, que no puede terminar sino en golpear el entramado fiscal y financiero del propio sector público.
El endeudamiento creciente de las familias es un dato que se está abriendo paso en la realidad mileísta. En diciembre, la mora bancaria de las familias llegó al 9,3%. En las fintech, que se estima ya habrían prestado el equivalente a 9.000 millones de dólares, el porcentaje de las deudas que no se pagan superan a las del sistema bancario.
El actual tsunami de despidos puede ser interpretado del lado patronal, o sea de Milei y sus aliados, como un valioso elemento disciplinador sobre los trabajadores. Sin embargo, la masividad del movimiento que estamos presenciando supera largamente una situación normal, y está poniendo a millones de personas en situaciones dramáticas, que requerirían intervenciones públicas en la dirección contraria a las actuales políticas oficiales.
El deterioro social se aceleró, así como las decisiones empresariales de discontinuar actividades por no rentables o generadoras de quebrantos. El gobierno puso todos los elementos macroeconómicos para que esto ocurra, y ahora se viene un tiempo de derrumbe, de sinergia recesiva, si no se hace algo para frenarlo.
Lo novedoso del caso de Milei y este gobierno de aventureros e irresponsables es que no piensa hacer nada, y seguir adelante con la apertura indiscriminada, el dólar atrasado, las tasas altísimas y el gasto congelado.
Una receta infalible para un crack económico a no muy largo plazo.
Ideología mata comprensión
Según la Agencia Bloomberg, en una nota publicada el 26 de febrero, “las acciones argentinas se están perdiendo un aumento en las acciones latinoamericanas este año, ya que la euforia pasada del mercado por las victorias electorales del Presidente Javier Milei se desvanece ante la preocupación por las débiles ganancias corporativas”.
Vale la pena detenerse en ver cómo piensa esta gente.
Muchos analistas de mercado son, ante todo, gente de derecha, que cree en una serie de dogmas religiosos sobre los mercados desregulados, la bondad de las privatizaciones y la maravilla de la iniciativa privada que todo lo resuelve. En síntesis, desconocen cómo funciona el capitalismo contemporáneo, la importante función que tiene el Estado, tanto en sostener y alimentar a los mercados financieros como en promover y financiar las grandes innovaciones tecnológicas.
Ignoran básicamente la imbricación profunda entre política y economía, y la relación entre hegemonía política, cultural y militar vigente en el mundo actual. Viven en el tupper de la ideología neoliberal y, en ese sentido, Milei representa una especie de sobredosis de afirmaciones extravagantes, extremistas, que satisfacen ampliamente el paladar religioso y autocomplaciente de los neoliberales.
Pero la realidad del modelo actual es muy mala, más allá de que se puedan concretar apetecibles negocios –como el de las mineras, por ejemplo– a costa del resto de la sociedad y de su futuro.
Sin idolatrar en absoluto al modelo brasileño, Lula puede exhibir un conjunto de logros económicos, productivos, sociales, y desplegar una actividad diplomática internacional con resonantes éxitos recientes en la India y Corea del Sur. Brasil se expande, se despliega.
La Argentina, por contraposición, se está fagocitando, está autodestruyendo su Estado nacional, empobreciendo a su población, corrompiendo y degradando su sistema político y dinamitando los logros en materia de desarrollo que consiguió a lo largo de décadas. Por si algo le hiciera falta, el actual gobierno cipayo apuesta a la híper dependencia de una potencia que no ofrece un gramo de progreso a nadie.
Los mercados financieros se sorprenden de repente de que la Argentina no sea un boom, luego de tanta cháchara pro “libertad” que los entusiasma, de tanto voto popular por el ajuste que los tritura. No pueden entender cómo los que producen riqueza en el país, salvo muy limitadas excepciones, muestren tan malos resultados, y a la larga no tengan destino con el actual esquema económico.
El riesgo país tuvo una clara tendencia ascendente durante todo febrero, cerrando en 570 puntos. Lo decimos por enésima vez: no hay pirueta, no hay verso, no hay achicamiento del Estado ni ley anti obrera que puede reemplazar dólares frescos obtenidos de la única forma económica genuina: con producción y exportaciones.
Insistimos: eso no está en la agenda de Milei.





